sábado, 1 de marzo de 2008

El día que desperté verano

En mi última producción, un error grosero producto de la falta de horas de sueño, se coló entre las líneas de uno de los mejores de mis silencios hablados; y allá estaba esa grieta que convierte a la vida en ficción, para arruinarlo todo, ¡es lo mismo, qué da!, cuánto cambiará que traslade un término de lugar, que busque un sinónimo, un antónimo, que sea verbo, adjetivo o sustantivo, si el fragmento fue callado grito interno, que al fin y al cabo exhaló un hilo de mi existencia. En realidad lo arruina o lo realza??? Tal vez el quiebre de las convenciones, de las verdades absolutas, de los determinismos, logre abrir una puerta que siempre estuvo abierta, pero cerrada para aquellos que hacen caso de las mal llamadas “verdades”. La cornisa, por sobre la que camina el que todo lo quiere ver, puede llegar a convertirse en el mayor de los placeres, sólo si el que la transita está preparado para dejarse caer.
Y cuándo estamos preparados, bien me gustaría saberlo, pero apto para el cruce es aquel que quiebra la conciencia, que se zambulle en su mar de silencios y en el de los otros... aquel que pone en tensión realidad y ficción.

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