“Se movía como una serpiente con ataque de epilepsia, mágica, feroz”
Por Perceval

La noche estaba cayendo, los comensales empezaban a relajarse luego de la ruidosa pizzeada universitaria…
Yo miraba de reojo a esa persona, bella y conservadora, que ocupaba un pedazo de mi espíritu. Lo hacía con atención y sin generar curiosidad en los demás. Sólo era para proteger de testigos peligrosos esa nueva relación.
Bastó que a algún enviado, vaya a saber de quién, se le ocurriera animar la fiesta y que el termómetro subiera un poco más.
Bailes. Muestras de tatuajes, cicatrices corporales y abandono progresivo de la vestimenta. En medio de todo, yo miraba hacia otro lado, hasta que con la música y su desenfado mi atención giró como periscopio para verla bailar.
Largué la bandeja y comencé a mirar, desde sus pies bien afirmados como soporte de esas piernas, perfectas, sólidas de hembra con temperatura, que llevaban hasta sus nalgas perdidas en la mini y marcaban el contorneo sobre la botella a la cual se acercaba hasta generar que alguna neurona de los presentes estallara por no encontrar alojamiento en el cuerpo.
Así se movía, como una serpiente con ataque de epilepsia, mágica, feroz.
En su rostro, y perdido en su fuego interior brillaba la satisfacción…
Pasó el tiempo y pude volver a comunicarle mi intención de disfrazarme de botella, y esperarla, verla, sentirla, gozarla bajando sobre mí…
Todo puede ser, dijo, será cuestión de probar.
Un pasaje al infierno por favor…!
Yo miraba de reojo a esa persona, bella y conservadora, que ocupaba un pedazo de mi espíritu. Lo hacía con atención y sin generar curiosidad en los demás. Sólo era para proteger de testigos peligrosos esa nueva relación.
Bastó que a algún enviado, vaya a saber de quién, se le ocurriera animar la fiesta y que el termómetro subiera un poco más.
Bailes. Muestras de tatuajes, cicatrices corporales y abandono progresivo de la vestimenta. En medio de todo, yo miraba hacia otro lado, hasta que con la música y su desenfado mi atención giró como periscopio para verla bailar.
Largué la bandeja y comencé a mirar, desde sus pies bien afirmados como soporte de esas piernas, perfectas, sólidas de hembra con temperatura, que llevaban hasta sus nalgas perdidas en la mini y marcaban el contorneo sobre la botella a la cual se acercaba hasta generar que alguna neurona de los presentes estallara por no encontrar alojamiento en el cuerpo.
Así se movía, como una serpiente con ataque de epilepsia, mágica, feroz.
En su rostro, y perdido en su fuego interior brillaba la satisfacción…
Pasó el tiempo y pude volver a comunicarle mi intención de disfrazarme de botella, y esperarla, verla, sentirla, gozarla bajando sobre mí…
Todo puede ser, dijo, será cuestión de probar.
Un pasaje al infierno por favor…!
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