viernes, 7 de marzo de 2008

Baile e invitación al infierno

“Se movía como una serpiente con ataque de epilepsia, mágica, feroz”
Por Perceval


La noche estaba cayendo, los comensales empezaban a relajarse luego de la ruidosa pizzeada universitaria…
Yo miraba de reojo a esa persona, bella y conservadora, que ocupaba un pedazo de mi espíritu. Lo hacía con atención y sin generar curiosidad en los demás. Sólo era para proteger de testigos peligrosos esa nueva relación.
Bastó que a algún enviado, vaya a saber de quién, se le ocurriera animar la fiesta y que el termómetro subiera un poco más.
Bailes. Muestras de tatuajes, cicatrices corporales y abandono progresivo de la vestimenta. En medio de todo, yo miraba hacia otro lado, hasta que con la música y su desenfado mi atención giró como periscopio para verla bailar.
Largué la bandeja y comencé a mirar, desde sus pies bien afirmados como soporte de esas piernas, perfectas, sólidas de hembra con temperatura, que llevaban hasta sus nalgas perdidas en la mini y marcaban el contorneo sobre la botella a la cual se acercaba hasta generar que alguna neurona de los presentes estallara por no encontrar alojamiento en el cuerpo.
Así se movía, como una serpiente con ataque de epilepsia, mágica, feroz.
En su rostro, y perdido en su fuego interior brillaba la satisfacción…
Pasó el tiempo y pude volver a comunicarle mi intención de disfrazarme de botella, y esperarla, verla, sentirla, gozarla bajando sobre mí…
Todo puede ser, dijo, será cuestión de probar.
Un pasaje al infierno por favor…!

sábado, 1 de marzo de 2008

El día que desperté verano

En mi última producción, un error grosero producto de la falta de horas de sueño, se coló entre las líneas de uno de los mejores de mis silencios hablados; y allá estaba esa grieta que convierte a la vida en ficción, para arruinarlo todo, ¡es lo mismo, qué da!, cuánto cambiará que traslade un término de lugar, que busque un sinónimo, un antónimo, que sea verbo, adjetivo o sustantivo, si el fragmento fue callado grito interno, que al fin y al cabo exhaló un hilo de mi existencia. En realidad lo arruina o lo realza??? Tal vez el quiebre de las convenciones, de las verdades absolutas, de los determinismos, logre abrir una puerta que siempre estuvo abierta, pero cerrada para aquellos que hacen caso de las mal llamadas “verdades”. La cornisa, por sobre la que camina el que todo lo quiere ver, puede llegar a convertirse en el mayor de los placeres, sólo si el que la transita está preparado para dejarse caer.
Y cuándo estamos preparados, bien me gustaría saberlo, pero apto para el cruce es aquel que quiebra la conciencia, que se zambulle en su mar de silencios y en el de los otros... aquel que pone en tensión realidad y ficción.