viernes, 25 de enero de 2008

El mar

El cielo se confunde en el horizonte con el manto acuoso del mismo color. Uno no sabe cuál es uno u otro salvo por los destellos del sol, que forman millones de espejitos centelleantes que bailan al ritmo del viento sobre la superficie salada.
Parece calmo e indefenso, parece estar enamorado de la tierra a la que acaricia una y otra vez: la toca y se retrae, la toca y se retrae. Y hasta la seduce ofreciéndole algunas de sus más exóticas pertenencias: una estrella de mar, algas, caracoles de los más diversos colores y tamaños, y como en un rito perverso, a veces, también le entrega la vida de alguno de sus seres que le pertenecen. Otras veces, celoso, la golpea despiadado y como en una tormenta de reclamos la abraza absorbiéndola de a poco. Sin embargo, él es su dueño y hace sentir su poder cuando, embravecido, toma sin aviso restos de esa tierra, que cede sin oposiciones.

miércoles, 9 de enero de 2008

La noche

La noche pulcra funde a los seres en el anonimato y los hace cómplices de su impunidad. Enigmática y vestida de sarcasmo tienta al descubrimiento.
Al amparo de la noche se vive y se muere en forma intermitente. La noche puede ser el estimulante que te invite a vivir en un ensueño el bosquejo de sentimientos prestados.
La noche puede ser un ángel herido que te rescata de rincones olvidados y ser, al mismo tiempo, un demonio despiadado que pose su pie doliente sobre tu cuerpo sin alma.
La noche inspiradora y desolada concentra a los espíritus perdidos, ésos que rondan las calles, los que pernotan en los bares, los que duermen placenteros y viven un sueño deseado infinito, los que buscan escapar de la vida, ésa que se resume en un juego de palabras.
Noche celosa y enamorada, la que se consume en la pitada de un cigarro, la que se ahoga en el insomnio de una copa solitaria, la que sabe a impunidad, la que eriza las pieles de placeres, la que late temerosa, la que se viste de fantasmas…